La antropología forense es una
ciencia todavía joven en nuestro país, aunque se está extendiendo cada vez más
por todo el mundo por su enorme utilidad a la Justicia a la hora de resolver
muchos casos criminales en los que los investigadores no encuentran una
solución evidente. Esta ciencia tiene como finalidad el estudio de los restos
óseos esqueléticos, con objeto de llegar a la identificación personal y
averiguar la causa de la muerte, la data de la muerte, la edad, sexo, raza,
estatura, posibles marcas profesionales, antiguas lesiones óseas, así como el
estudio de la cavidad bucal (verdadera caja negra del cuerpo humano, según el
doctor J. M. Reverte Coma) y todo cuanto sea posible para proporcionar
información a los investigadores policiales para que puedan llegar a la
identificación de una víctima.
La labor del antropólogo forense
comienza cuando la Policía se encuentra ante un cadáver que no puede
identificar, por ejemplo si éste está en avanzado estado de putrefacción,
esqueletizado o incluso cuerpos a los que los criminales han hecho desaparecer
las huellas dactilares y hasta partes del cuerpo (cabeza, extremidades) que son
elementos fundamentales para la identificación policial, y aquellos casos en
los que el forense de campo, generalmente con pocos medios para hacer la
autopsia, no es capaz de ver los pequeños detalles.
El Antropólogo ve los huesos que
estudia como un papel de calco en el que han quedado registrados cuantos
acontecimientos han tenido lugar a lo largo de la vida de un individuo, y
especialmente los traumatismos que han llevado a la muerte de la víctima.A sus
laboratorios son enviados constantemente restos cadavéricos que pueden llegar
en muy diversos estados de descomposición, de momificación adipocira, de
putrefacción o simplemente ya esqueletizados. Es precisamente en estos casos,
en que la autopsia propiamente forense poco o nada puede deducir de las partes
blandas y en los que la policía no ha encontrado huellas dactilares u objetos
que permitan la identificación, cuando empieza el trabajo del antropólogo
forense.
Lo primero que se hace en estos
laboratorios es esqueletizar los restos, así en cuarenta y ocho horas, al
disponer de unos restos esqueléticos limpios, desodorados y esterilizados, se
puede comenzar el estudio minucioso de cada centímetro de los restos.En
ocasiones los restos son hallados momificados. En estos casos se pueden obtener
muchas veces las huellas dactilares por medio de la revitalización de los tejidos,
de las partes blandas y bien por impresión directa o por medio de fotografía
con iluminación especial, se podrán obtener huellas aceptables que permitan la
identificación de la víctima.
El cráneo es una parte
indispensable para llegar a deducir como era el rostro del sujeto. Esto se
logra con diversos métodos. Los laboratorios de Antropología Forense disponen
de un moderno equipo electrónico, una computadora-analizador de formas con
circuito cerrado de televisión que permite obtener la silueta de frente y de
perfil del cráneo que se muestra al ordenador, añadiéndole las partes blandas
probables que tuvo el individuo. En otros casos y siguiendo otros métodos se
recurre a la reconstrucción de las partes blandas por medio de plastilina o
arcilla aplicadas sobre la cara conservando los espesores medios según unas
tablas milimétricas. En todo caso estas técnicas permiten obtener una imagen
tridimensional de cómo debió ser la cara o rostro del sujeto.Otras veces, sobre
todo cuando el cráneo presenta rasgos muy característicos, con la ayuda de un
buen artista-dibujante del Laboratorio de Criminalística de la Guardia Civil se
ha plasmado gráficamente el probable rostro de la víctima. Esta técnica se basa
en observaciones anatómicas muy precisas y otros rasgos subjetivos.La ayuda de
técnicas como la fotografía y la radiografía es fundamental para estos
estudios, así como las técnicas histológicas y microscópicas.La radiografía,
aplicada por ejemplo al estudio de los senos frontales del cráneo, es muchas
veces definitiva para llegar a una identificación (no hay dos individuos que
tengan iguales los senos frontales). Otras veces, la radiografía de la cavidad
bucal permite llegar a la resolución de casos que parecían imposibles de
resolver.
Por otra parte, como el criminal
casi siempre deja su sello personal, su tarjeta de visita sobre la víctima o
dentro de ella y en las cercanías del lugar donde la depositó, la inspección
ocular es tan importante para el investigador policial como para el antropólogo
forense, y lo ideal es que se inspeccione el lugar del hallazgo. Así, el
antropólogo forense con experiencia en arqueología tiene más oportunidades de
sacar partido al caso si estudia in situ el material sobre el que ha de
informar aunque sean después indispensables una serie de pruebas que sólo se
pueden realizar en el laboratorio.
Lamentablemente no siempre es
posible que el propio antropólogo pueda personarse en el lugar del hallazgo de
los restos óseos, que sería realmente lo ideal. En la mayoría de los casos los
restos son hallados en alguna playa, en un bosque, en una cueva, bajo el piso
de una vivienda o flotando en el mar. La policía o la Guardia Civil son
avisados, así como las autoridades judiciales. El levantamiento de los restos
se lleva a cabo y el juez con el médico forense deciden el envío al laboratorio
de antropología forense.En estos casos es preciso señalar que la fotografía del
hallazgo de los restos in situ tendrá un valor documental de primera
magnitud.Estas fotografías no sólo son de gran interés para el sumario, sino
que también tienen gran importancia para el antropólogo que más tarde hará el
estudio de estos restos óseos.
La recogida de los restos por
parte de los investigadores ha de ser completa, por pequeños que sean estos
restos. Si son enviados todos los fragmentos para su posterior estudio, en
alguno de ellos puede hallarse quizás las huellas del cuchillo causante de la
muerte o el roce de la bala o el proyectil responsable de la misma o la
fractura que sufrió en vida el sujeto cicatrizando posteriormente y que puede
ser reveladora para la identificación del cuerpo. También es posible que no se
encuentre nada, pero ante la posibilidad de hallar algún detalle que contribuya
al esclarecimiento del caso, a la identificación de la víctima, es preferible
que se disponga de todo el material esqueletizado y no sólo parte de él.Por
ejemplo, los descuartizamientos dejan huellas del instrumento utilizado en las
articulaciones o en las extremidades de los huesos desarticulados por cuyas
huellas se puede deducir la habilidad o inexperiencia del homicida, su posible
práctica como médico-cirujano o simplemente como carnicero o su desconocimiento
total de la Anatomía, lo que aporta una pista importante al investigador sobre
la identidad del criminal.
También el color de los huesos
nos indica a veces si el cadáver estuvo enterrado o bien se esqueletizó a la
intemperie, que es un dato igualmente importante. Además de los propios restos
óseos, para el antropólogo tienen gran valor por ejemplo, el número y variedad de
larvas o pupas de los insectos de la fauna cadavérica, así como los residuos de
polvo y micropartículas contenidas en las ropas del cadáver o las uñas de
éste.El estudio de la fauna cadavérica permite llegar a averiguar la data de la
muerte a veces con bastante aproximación, la época del año en que tuvo lugar,
los lugares dónde estuvo la víctima o algunos de sus hábitos, todo lo que es
parte de la solución final.De la misma forma que otros peritos como el biólogo
interesan las manchas de sangre y al investigador las huellas sobre el terreno,
las manchas o presencia de esperma, al toxicólogo las substancias tóxicas,
etc., para los antropólogos la presencia de un simple cabello adherido al
cráneo puede ser fundamental para determinar edad, sexo, raza, prácticas de
tintes o tratamientos de pelo, etc.
Además de la intervención en
casos policiales, sin duda una de las funciones más importantes de esta
ciencia, otros aspectos de la antropología forense son los estudios y
peritaciones realizadas en exhumaciones de personajes famosos de la Historia,
las identificaciones en grandes catástrofes aéreas, ferroviarias, incendios,
terremotos, etc.
Y como menciona el doctor José
Manuel Reverte Coma en su libro, "El antropólogo forense no es solamente
un perito especializado en una difícil rama del conocimiento médico-legal, sino
según nuestro criterio, es algo así como un Sherlock Holmes que tiene como
especialidad el hacer hablar a los huesos, un verdadero colaborador de la
Justicia, formando parte integrante de ella. Es por eso que en muchos casos, a
medida que nuestras técnicas van siendo conocidas, apreciadas y respetadas por
la administración de Justicia, nos desplazamos al lugar de los hechos,
realizamos nuestra propia inspección ocular, discutimos los casos con los
investigadores, obtenemos un juego de fotografías del "hallazgo del
cadáver", y cambiamos impresiones con los colegas médicos forenses. Lo
importante es que se llegue a la verdad de los hechos, dejando a un lado las
competencias, las suspicacias, los protagonismos. Nosotros nos consideramos
servidores de la Justicia y de quienes investigan el caso y nos gusta que se
nos utilice al máximo de nuestras posibilidades".
Pili Abeijón
Criminóloga
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